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Coyotas sonorenses


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Lo que en un principio era un platillo local de un pequeño pueblo, que ahora es parte de la zona urbana de Hermosillo, en Sonora, es hoy día uno de los postres más reconocidos de ese estado.

En la década de los 50 en el viejo Hermosillo, doña María Ochoa González solía hornear pan para regalar a sus vecinas. Una de ellas, la española Agustina de Araiza, le compartió esta receta que cambiaría la historia de su pueblo.

Originalmente consistía en una tortilla sobaquera, lo que hoy conocemos como tortilla de harina pero muy grande, rellena de piloncillo.

La tradición de comer carne y después coyotas aún vive en el corazón de Villa de Seris, poblado fundado por la etnia conca’ac, conurbado con Hermosillo.



Para prepararlas:

Mezclamos 1k de harina con 1/2k de manteca vegetal suavizada y una pizca de sal.



Agregamos una cerveza fría ( no bebersela) 


y se bate todo bastante bien hasta que se incorpore en una masa homogénea.

Dejaremos reposar la masa por una hora.

Haremos bolitas con la masa y las extendemos hasta que queden aprox de 6 pulgadas de diámetro.

Para cada coyota necesitamos dos discos de estos. Ponemos un disco, le ponemos piloncillo rallado o pulverizado con un poco de harina y colocamos otra encima.


Sellamos los bordes con un tenedor y espolvoreamos un poco de azúcar. También hacemos unas cuatro perforaciones con un palillo, para que no se inflen.


Las horneamos a 250ºC (precalentado) por unos 15 o 20 minutos.

Hoy las encontramos también rellenas de cajeta, de jamoncillo de leche y hasta de nieve de sabores.



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